Para las fabricantes de la cerámica de Caulín, la creatividad en la decoración de las piezas no era fundamental. Esta respondía a los gustos de la ceramista, y al lugar de producción.
Antiguamente se utilizó una pasta (o engobe) con barro "colo", que permitía darle un color rojo a las piezas, el cual era extraído desde la playa de Pihuio (Mónica Adler et. al., 2004: 20).
En Apiao se le dio gran importancia al decorado de las piezas, a diferencia de Caulín (Mónica Adler et. al., 2004: 34). En dicho lugar se utilizaba una tierra especial llamada "pemchu", que servía para dibujar sobre las cerámicas.
Las formas
Las cerámicas de Caulín eran funcionales a las labores de la vida cotidiana, como ollas para la cocina, platos y tazas, calderitos de tres patas, floreros, lecheritos, fuentes para la manteca, cayanas para tostar trigo y platos utilizados especialmente en los velorios, que ofrecían una porción exacta de cada comida.
Además se elaboraban figuras pequeñas con la greda, como yuntas de bueyes, parejas de bailarines, músicos y diversos animales (gatos, caballos, pájaros, etc.).
Estas se vendían como adornos en el mercado. Muchas veces este tipo de figuras las hacían los niños y así ayudaban a sus madres en el trabajo o simplemente se dedicaban a ello como parte de su recreación (Mónica Adler et. al., 2004: 20).